05 diciembre, 2010

Fue unos días después de haber pregonado que no volvería a participar en relaciones de carácter romántico en lo que me quedaba de vida. Después de todo, me había tomado una década y varias decepciones obtener independencia emocional y sería el colmo arriesgar a perder algo cuyo pago habían sido mis lágrimas. Supongo que llegó para poner a prueba tal declaración.
Me encontró rubia y sonriente en la esquina superior derecha de una página de internet y tomó el riesgo de ser rechazado una vez más. Desde la primera vez que cruzamos palabras me inspiró confianza, lo sentí sincero. Además, nadie me había hecho reir tanto sin siquiera conocerlo.
No fue algo a primera vista. Fui descubriendo su sensualidad debajo del tartamudeo que le causaban los nervios, su capacidad para convertir largas horas de conversaciones en minutos felices, y la sensibilidad y precisión de sus manos al tocar cualquier parte de mi cuerpo. Estas características, entre otras, sometieron a mis sentidos a un período de embeleso que fue tan intenso como fugaz.

1 comentarios:

Diario de un PEaton dijo...

Muy buena actitud has tomado Andrea, me encanta esa nueva disponibilidad con tus sentimientos, ademas tu bien lo sabes nunca nadie jamas está solo, aunque lo paresca.
cUIDATE y se feliz!